Las ciudades del mundo han decidido suicidarse, Pedro Bravo

07/01/2016

+ info: El Diario

En Pekín llevan unos días ahogados en su propia miseria, con niveles de concentración de partículas PM 2,5 veinticinco veces superiores a las recomendadas por la OMS. Han estado en alerta naranja y en alerta roja, han restringido los movimientos de los coches y el trabajo de las fábricas han cerrado el aeropuerto. Lo mismo que en otras nueve ciudades chinas. No es la primera vez, no será la última. En Teherán, Irán, están igual. Como casi todos los inviernos, los coches no pueden entrar en el centro, las fábricas chapan casi todo el día, la gente tose a pesar de llevar la mascarilla puesta.

La cosa no pasa sólo en estos lugares pintorescos, aquí también huele mal. En Roma, Milán, Turín y Nápoles, por ejemplo. En Oviedo, en Barcelona. En Madrid, claro. Noticias recientes citan a la Agencia Europea del Medio Ambiente y dicen que  430.000 personas mueren al año por respirar aire contaminado en ciudades europeas. Mucha gente, mucha mierda.

La buena nueva es que hay datos que dicen que hemos llegado al tope del uso del coche y ya estamos de bajada, al menos en el mundo desarrollado. Por lo que se cuenta en este artículo de The Guardian, el tráfico de vehículos creció a tope hasta 2007 y, desde entonces, o ha dejado de crecer tanto o está cayendo un poquito.