“La ciudad, clave del siglo XXI”, Mireia Belil

29/10/2015

ISSN 2462-3571 | Vol. 1 | Núm. 1 (Octubre, 2015)

 

El hombre se tropieza con la verdad…, pero se levanta y sigue su camino.
W. CHURCHILL

 

Las ciudades, una ecuación imposible es el título del libro que se inicia aquí. Este título huye del pesimismo que podría derivarse de la palabra imposible para recuperar la paradoja del desarrollo de las ciudades, la mejor creación de la humanidad. Richard Sennet expuso que una de las cosas importantes de la vida urbana es cómo hacer que las complejidades que la ciudad contiene interactúen. Esas complejidades están llenas de contradicciones, de atracción y repulsa, de flujos constantes de entradas y salidas, de riqueza de pensamientos y de acciones… La ecuación imposible no es una renuncia al desarrollo, a la ciudad justa, sino una constatación de la imposibilidad de cerrar soluciones eternas porque la ciudad es un cuerpo vivo, en evolución. Los sistemas cerrados no sirven para las ciudades que crecen, decrecen, cambian, evolucionan constantemente como entidades culturales, políticas y económicas que viven de dinámicas, inercias y acciones realizadas hace décadas al tiempo que se entremezclan con las acciones y reacciones del presente. Las ciudades, especialmente las ciudades metropolitanas o de las regiones altamente urbanizadas, se caracterizan por las dinámicas contradictorias que se manifiestan en su desarrollo, unas dinámicas que hacen casi siempre muy difícil cerrar la ecuación deseable.

Los textos que sigue muestran las grandes contradicciones en las que se encuentran las ciudades y las muchas paradojas que se dan en ellas: la búsqueda de ingresos sometida a dinámicas neoliberales para el ejercicio de urbanismos progresistas, la revalorización de la historia compartida y la memoria colectiva versus la estandarización del consumo y de la arquitectura corporativa, la destrucción de recursos necesarios para su propia expansión, la atracción de talento y la incapacidad para generar ideas, la necesidad de proximidad y la construcción de muros, la proximidad se revaloriza a medida que los costes de conexión a larga distancia caen en picado, la ciudad genera riqueza y concentra la pobreza…

«Todos hacemos ciudad de pensamiento, obra u omisión», es una frase que aparece en la presentación de la Declaración Universal de los Derechos Urbanos. 1 La ciudad es nuestro horizonte en el siglo XXI. La ciudad vuelve al centro de los debates y las esperanzas, al centro de las revoluciones y los cambios, al centro de las noticias, malas y buenas. Después de unas décadas de considerar la ciudad como el principal mal de la humanidad se recupera la esperanza en la ciudad ante la evidencia de que la humanidad es urbana y será todavía más urbana.

Año 2011. Las plazas de la revolución, los barrios conflictivos, las calles del vandalismo, las plazas de los indignados, la protesta porque ya no hay nada que perder y la protesta por un futuro, distinto, o simplemente un futuro. En el año 2011 las ciudades ocupan portadas en la prensa mundial por una plaza, un incendio, una carga policial, una protesta o una sentada. Las resistencias locales, a veces sin rumbo, se convierten en noticia global. Pueden llegar a formar parte de la descripción de la idiosincracia de una ciudad. Se conocen nombres que normalmente no están en los medios internacionales: plaza Tahir en El Cairo, la plaza del Sol en Madrid, el barrio de Hackney al este de Londres, la plaza Cataluña en Barcelona, el parque Zuccotti de Nueva York… Muchas ciudades se conocen ahora por lugares que antes nadie mencionaba.

Es en las ciudades donde las resistencias locales toman forma, siempre contra un sistema y unas instituciones que no responden a las necesidades y deseos de sus ciudadanos. Las resistencias locales ven la luz de las formas más diversas, y parece que siempre lo hacen sorprendiendo al mundo, especialmente a los dirigentes y a los medios de comunicación. Aunque ahora las redes sociales se constituyan como su altavoz al mundo, los movimientos ciudadanos por una vida digna en las ciudades no son nuevos ni en los países desarrollados ni en los países llamados en desarrollo.

Las estructuras urbanas, las realidades urbanas y las dinámicas globales salen a la luz como explicación de todos estos movimientos. Es en las ciudades donde se recuecen los impactos de las especulaciones globales. También es en las ciudades donde las dinámicas globales encuentran sus vías de realización con las complicidades de agentes locales.

Las resistencias locales precisan de un buen sistema de diseño de políticas públicas para que unas protestas o reivindicaciones cambien la vida de miles de personas. Sin embargo, demasiadas veces políticos, activistas e intelectuales se escudan en explicaciones de orden exterior que nos alejan del espacio y el tiempo en el que es posible la acción y el cambio: nuestro entorno.

La evolución demográfica del planeta pone la ciudad en el centro de la acción del siglo XXI. Se repite muchas veces, pero son pocos los que entienden la trascendencia del dato: más de la mitad de la población mundial (es decir, más de 3.500 millones de personas) vive ya en espacios urbanizados, aunque no siempre deberíamos llamarles ciudades. Esta proporción llegará al 60% en 2020. Este es un hecho histórico sin marcha atrás.

Mientras que en el año 1950 las ciudades solo agrupaban a un tercio de la humanidad, se estima que en el año 2030 la población urbana alcanzará prácticamente los 5.000 millones de personas, lo que representará alrededor de tres cuartas partes de la población mundial. Además se espera que en los próximos años el 90% del crecimiento poblacional del mundo se produzca en áreas urbanas.

El crecimiento de la población urbana sigue ahora nuevas pautas. A su ritmo se añaden algunas grandes tendencias que marcarán el futuro del mundo urbano a nivel global y que de alguna manera cambian las perspectivas, consideradas tendencias, hasta la actualidad. En primer lugar, las ciudades más grandes del mundo pasarán a localizarse en países emergentes o en vías de desarrollo. Londres, París, Nueva York… ya no formarán parte de la cabeza del ranking de las mayores ciudades y pasarán a ser megalópolis millonarias pero lejos de las más grandes. Solo Tokio y Seúl seguirán perteneciendo a las primeras posiciones. La segunda tendencia esencial es que el crecimiento urbano se trasladará geográficamente hacia las ciudades asiáticas, especialmente en las ciudades chinas, desplazando a las grandes urbes latinoamericanas de sus posiciones cabeceras. La tercera tendencia a constatar es que el gran proceso de urbanización se producirá en las ciudades pequeñas y medianas, más que por la continuidad del crecimiento de las grandes megalópolis. Se calcula que en el año 2020 habrá más de 500 centros urbanos de más de un millón de habitantes.

Países emergentes, continente asiático y ciudades medianas es el cuadro de la urbanización de los inicios del siglo XXI. La ciudad se coloca en el centro. Las cifras pueden llegar a asustar. Cada mes cinco millones más de personas se convierten en habitantes de ciudades del mundo en desarrollo. Entre las calles 41 y 59 de Manhattan —Nueva York— trabajan más de 600.000 personas. El Producto Interior Bruto (PIB) de Tokio es superior al de países como Canadá. Las innovaciones tecnológicas se producen en entornos urbanos. Las innovaciones sociales también. Según el informe de ONU-Habitat —Ciudades y cambio climático— las ciudades son responsables del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero; el informe sostiene también que la adopción de medidas a nivel local es indispensable para cumplir los compromisos en materia de cambio climático porque en definitiva es en las ciudades donde se pueden poner en práctica las políticas destinadas, por ejemplo, a mitigar los impactos y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Si bien el crecimiento de las ciudades ha generado riqueza, mayor conectividad y mejoras en la calidad de vida, estas mejoras no han estado al alcance de toda la población. Este hecho se refleja en algunos de los datos que nos hacen cuestionar que el habitante urbano sea siempre un ciudadano: 1.400 millones personas que habitan en ciudades carecen de acceso a agua potable; 2.700 millones no poseen servicios sanitarios básicos y 930 millones habitan en infraviviendas y entornos urbanos precarios (chabolas, favelas, barracas, slums…), cifra que podría aumentar a 1.500 millones para el año 2020 si la actual tendencia se mantiene.

La tendencia a la expansión horizontal de las ciudades, que expulsa hacia la periferia a la población marginal o desarrolla espacios para las clases medias, ha generado un modelo de segregación en el territorio que crea desigualdades en los servicios, en la conectividad y en las condiciones de vida de las personas, lo que provoca perjuicios económicos, sociales y ecológicos graves. A los procesos de expansión y de metropolización se suma la anulación de los límites entre campo y ciudad, la discriminación social y la pérdida de identidad colectiva de los ciudadanos. Las desigualdades sociales se han agudizado durante los pasados cincuenta años y lo más probable es que esta tendencia se acentúe durante las próximas décadas.

Henri Lefebvre decía hace ya más de tres décadas que todos somos urbanos. Lo que le pasa a las ciudades marca el devenir de las regiones y de los países. Cuida tus ciudades y cuidarás a las personas. Así pues, en un mundo que asiste a un acelerado proceso de urbanización, las ciudades se convierten en el principal laboratorio donde afrontar el reto que representa el promover acciones locales destinadas a satisfacer las demandas sociales y medioambientales impuestas por la realidad global (cambio climático, geopolítica, fluctuaciones económicas, nuevas tecnologías…). Reflexión, reconocimiento de acciones y buenas prácticas, aportaciones ciudadanas… todo ello nos debe ayudar a pensar la ciudad de ahora y del futuro. Estos datos sumados y las evidencias de evolución de los espacios urbanos ponen en el centro del debate los derechos de las personas para poder ser ciudadanos, el derecho a la ciudad.

El Fórum es ciudad

El Fórum Universal de las Culturas —un evento internacional iniciado en Barcelona que se celebra cada tres años— es básicamente ciudad, ciudadanos, cultura urbana y política de ciudad. También es reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro. El Fórum es un proceso de transformación de la ciudad y de las actitudes y comportamientos ciudadanos hacia el cumplimiento de los derechos humanos, el desarrollo sostenible y las condiciones para la convivencia y la paz. El Fórum se inventó como una potencial contribución de los ciudadanos a la agenda global a través de su cultura, de sus opiniones y de sus formas de vida.

A lo largo de todos los Fórums —Barcelona 2004, Monterrey 2007, Valparaíso 2010 y ahora Nápoles 2013— la ciudad ha estado presente en todas sus dimensiones. Desde la primera edición, Barcelona 2004, las ciudades han sido el centro del Fórum. Lo son en tanto que objeto y como sujeto. Son las ciudades quienes presentan su candidatura para organizar los distintos Fórum y son las ciudades las que se responsabilizan de su organización. Una parte esencial del proceso Fórum es acción sobre la ciudad, sobre el espacio público, sobre las relaciones entre las personas y las piedras, sobre la convivencia; también una parte primordial del evento Fórum se convierte en una reflexión sobre las maneras de vivir y hacer ciudad y las formas de estructurar y desarrollar una vida mejor para los ciudadanos.

El Fórum se centra en la reflexión, conocimiento, experimentación y celebración de los temas que nos afectan a todos. La definición de políticas y estrategias que busquen un desarrollo integral de las ciudades adquiere hoy una gran importancia, al ser estas el lugar donde confluyen las principales temáticas de la agenda internacional. Con este fin el Fórum Barcelona 2004 abrió un espacio de debate que acogió a expertos, autoridades, activistas y representantes de la sociedad civil.

En el Fórum Barcelona 2004 varios diálogos permitieron acercarse y profundizar desde diferentes perspectivas, en las principales problemáticas y desafíos a los que se enfrenta el mundo en los albores del siglo XXI. A través de seis diálogos: Ciudad y ciudadanos del siglo XXI, Espacio urbano colectivo: nuevas perspectivas, el II Foro Urbano Mundial, la asamblea de Habitat International Coalition (HIC), el Fórum de autoridades locales de Porto Alegre y Hacia una Agenda 21 de la cultura, el Fórum Barcelona 2004 exploró la ciudad, sus atributos y su futuro.

Muchas veces se ha dicho que las ciudades son el mejor invento de la civilización, un ejemplo de la colaboración humana para la mejora de la calidad de vida de la comunidad. La habilidad de los espacios-ciudad para crear procesos colaborativos que llevan a la innovación, a la eficiencia en el uso de recursos, a la redistribución a través del propio territorio/espacio urbano no es nueva. Pero la imposición de intereses particulares o individuales sobre los procesos colectivos ha llevado a la formación de territorios urbanos con profundas desigualdades, depredadores de recursos y generadores de mares de pobreza.

El papel de la cultura en la consolidación de la ciudadanía fue uno de los temas estrella. Se impulsó la aceptación por parte de la UNESCO de la Agen- da 21 de la Cultura, que promueve la adopción de una serie de principios, compromisos y recomendaciones para potenciar un desarrollo de la cultura a escala internacional desde el ámbito local, considerándola como un derecho colectivo de participación en la vida de las ciudades.

También se debatió sobre la ciudad del siglo XXI vista por algunos de los principales pensadores y diseñadores urbanos de los últimos 50 años. Y siguieron diálogos sobre «Arquitecturas contra las ciudades», «Miedos y deseos en la ciudad», «Urbanismo y poder», «La ciudad conquistada» y un conjunto de diálogos sobre el «Espacio colectivo» que dirigió el ex director del Instituto francés de Arquitectura, Jean-Louis Cohen.

El Foro Urbano Mundial de Naciones Unidas-Hábitat, que reunió a varios miles de personas de todo el mundo, ayudó a una aproximación a las muchas realidades urbanas del mundo, y tuvo una perla especial, el diálogo «De la marginación a la ciudadanía». Y a lo largo del Fórum en muchos otros momentos la ciudad fue una referencia principal, como se manifestó en otros diálogos como los que trataron de las migraciones, del agua, del turismo, de la mujer, de los derechos culturales, en el foro de autoridades locales contra la exclusión, el de los derechos emergentes, el de energía, el de conflictos, reconciliación, mediación, literatura, microcréditos y el de pobreza. No podía ser de otra forma. Los grandes temas del Fórum, la paz, la diversidad y la sostenibilidad finalmente se materializan y, para bien o para mal, se resuelven en las ciudades.

Todos estos encuentros y debates aportaron un conjunto de reflexiones críticas y prepositivas de indudable valor. Sin embargo, con frecuencia, parecía dominar el discurso pesimista, a veces casi apocalíptico, respecto al futuro urbano. Los diálogos iniciales «Ciudad y ciudadanos del siglo XXI» nos permitieron constatar cómo se notaba una diferencia de perspectivas según la región del mundo de procedencia.

La asamblea de Habitat International Coalition (HIC) fue para la ciudad y el Fórum Universal de las Culturas un privilegio, ya que recibió a casi un centenar de dirigentes de organizaciones populares implicados en este difícil proceso de construcción de la ciudad y de la ciudadanía desde la marginalidad. Y también gracias a HIC pudimos realizar un diálogo, al que asistieron casi un millar de personas a lo largo de una semana, con representantes de diversas organizaciones populares de todos los continentes.

Fue sin duda alguna uno de los momentos más estimulantes de los Diálogos del Fórum. No solo por la riqueza y variedad de las exposiciones, también por el mensaje de esperanza que los protagonistas directos de experiencias colectivas difíciles y dolorosas en muchos aspectos nos transmitían. En ello vimos la voz de los protagonistas constructores de ciudad y ciudadanía, vimos el alto potencial innovador y transformador de las opciones provenientes de la marginalidad. Pensar la ciudad que queremos y el mundo urbano que deseamos para el siglo XXI pasa necesariamente por la suma de las aportaciones de los intelectuales y académicos, de los movimientos sociales y de las acciones de las personas y grupos que trabajan desde su posición para idear una ciudad mejor.

En el Fórum Barcelona 2004 se sembraron semillas para el futuro, con ideas que nacen en unos y crecen en otros. Así de Fórum en Fórum el debate sobre la ciudad, las dinámicas que las definen y las visiones de futuro fueron consolidándose en Monterrey, en Valparaíso y en Nápoles.

Las palabras que se dijeron a lo largo de los Fórums de Barcelona, Monterrey y Valparaíso sobre la ciudad dejaron algunas ideas que consideramos básicas en la mirada hacia el mundo urbano en el siglo XXI. Resumimos aquellas que dan continuidad a lo largo de los años al debate sobre la ciudad y los ciudadanos en el proyecto Fórum.

1. La globalización aterriza y se desarrolla en las ciudades y encuentra en ellas dinámicas de refuerzo, y también algunas resistencias. La ciudad es el espacio donde el fenómeno de la globalización adquiere una dimensión tangible. Es el gran receptor de la inmigración, el espacio de encuentro y desencuentro de la diversidad, es donde se concentran las principales fuentes de empleo y de generación de riqueza, de expresión cultural y desarrollo científico. En la ciudad cristalizan y toman forma con mayor intensidad todas las características y problemáticas del mundo globalizado y, a la vez, constituye el principal espacio de resistencia a estas dinámicas.

El proceso de crecimiento urbano, en clara imbricación con los procesos de globalización, se caracteriza por su complejidad e implica cuestiones tan relevantes como el papel de las ciudades como espacios de inclusión o exclusión, como punto de encuentro de culturas y personas o como marco de construcción de sociedades abiertas y plurales. El informe de UN-Hábitat Estado de las ciudades del mundo 2004-2005 presentado en el Fórum Barcelona 2004 durante el Foro Urbano Mundial reconocía que «los ‘frutos’ de la globalización (crecimiento económico, incremento de los ingresos y mejoras de la calidad de vida)— están siendo rápidamente anulados por los aspectos negativos de la rápida urbanización: incremento de la pobreza, mayor desigualdad y la preocupante previsión de que, para el año 2020, las áreas urbanas de las regiones menos desarrolladas absorberán la práctica totalidad del incremento de la población global».

La globalización ha transformado muchas ciudades, creando en ocasiones dos o más espacios urbanos paralelos: la ciudad de los negocios, el turismo, la residencia con servicios… y la ciudad de los barrios empobrecidos, aislados, sin espacio público, sin acceso a los servicios urbanos… Las ciudades son también potenciales focos de resistencia a los efectos perversos de la globalización, como se expone en algunas de las contribuciones que siguen.

2. La ciudad como espacio de regeneración democrática, demandada ya en 2004, plasmada en la calle en 2011, necesaria para que la vida digna y los derechos urbanos se desarrollen. Las ciudades deben ocupar un nuevo papel en el escenario local, nacional e internacional. Se requiere más y mejor gobernanza desde el territorio, para lo cual la ciudad reivindica un nuevo espacio de representación y resolución y los ciudadanos nuevos mecanismos y entornos de relación con el gobierno, en el marco general de la reivindicación de los derechos urbanos.

Las migraciones, el desempleo, los conflictos culturales y la marginación son problemáticas globales que se materializan en la ciudad. Para abordar estos problemas, los gobiernos locales reclaman un mayor poder político de intervención y, por lo tanto, una mayor autonomía económica frente al Estado. La autonomía de los gobiernos locales no garantiza una ciudad justa, ya que en numerosas ocasiones estos han sido copartícipes de las dinámicas de mercado tendentes a una sociedad segregada. Pero las ciudades pueden también demostrar que existen respuestas locales a la globalización.

En este sentido, es necesario trabajar hacia una nueva gobernabilidad del territorio que, por una parte, supere las actuales barreras de las administraciones y por otra recoja la voluntad de la base social, incluyendo las redes sociales informales y los movimientos alternativos. Esto requiere nuevos espacios de participación ciudadana en las administraciones locales, además de la creación y valorización de espacios públicos que fomenten que la ciudadanía se relacione, se conozca, se reconozca y pierda el temor al otro. Los espacios físicos y simbólicos son cruciales para crear ciudadanía, por lo que la gestión de los espacios urbanos colectivos es un área clave de actuación para el desarrollo integral de las ciudades.

Los entornos urbanos son los más próximos a las personas y, por tanto, tienen que tener la capacidad y los recursos para velar por su bienestar. Ahora bien, para que los municipios tengan más competencias es preciso descentralizar y vencer, así, la resistencia a compartir parcelas de poder. Por ello es necesaria una interrelación activa y eficaz entre los diversos niveles de gobierno que permita el empoderamiento local, así como que las ciudades tengan voz internacional suficiente en los procesos de decisión que las afectan. Las prácticas colaborativas asimétricas entre actores de distinta naturaleza, entre distintos niveles de gobierno y entre los propios gobiernos locales son parte del gobierno de las áreas urbanas del siglo XXI, claramente identificadas y definidas pero de difícil aplicación.

A pesar de ser generadores y espacios privilegiados de las dinámicas globalizadoras, las ciudades tienen una presencia escasa en los organismos de decisión internacionales, y pocas veces tienen voz, escuchada, en los debates sobre temas globales que afectan a toda la humanidad. La economía neoliberal tiende a utilizar la ciudad como centros de producción y de control social, y solo la política y el poder político pueden modificar esta tendencia para crear una nueva ciudad en el siglo XXI. El conflicto en la ciudad ha sido siempre generador de cambios y nuevas estrategias. La construcción de una nueva ciudad pasa por el reconocimiento de la ciudad como escenario de la conflictividad global-local, como el espacio y el actor de especulaciones globales y resistencias locales.

3. La transformación de la marginalidad en ciudad es uno de los principales retos de este siglo. El reto de convertir lo urbano en ciudad, de reconocer la capacidad de los protagonistas de los barrios marginales para desarrollar una economía esencial para las ciudades, de establecer unas acciones estratégicas para la conversión de espacios degradados en ciudad y de grupos marginados en ciudadanos son procesos necesarios para combatir la pobreza en las áreas urbanas. La presencia de la red Habitat International Coalition (HIC) en los Fórums permitió el acercamiento en primera persona a las acciones y proyectos realizados en ciudades de los cinco continentes, relatados en primera persona por sus protagonistas. La dignificación de los barrios marginales, favelas, slums, chabolas, etc., pasa por dar un papel protagonista a los habitantes de estos asentamientos que pueden encontrar las soluciones adecuadas a sus condiciones locales. Evitar la acción o el proyecto externo que contemple a los habitantes como beneficiarios pasivos, y fomentar en cambio aquellos que los convierta en partners fundamentales de cualquier proyecto de mejora de sus condiciones de vida es estratégico, ya que estos habitantes son un recurso importante para mejorar los suburbios. Uno de los principales Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015 a que se comprometieron los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) consiste en mejorar la vida de como mínimo cien millones de habitantes de barrios degradados. El reto es, pues, erradicar el chabolismo y convertir los barrios de asentamientos informales en zonas organizadas y dotadas de los servicios que toda persona necesita para vivir dignamente.

El desafío es cómo gestionar el crecimiento acelerado de suburbios y barrios marginales, incorporando la economía que se desarrolla en ellas, y entender y aprovechar la creatividad y energía que surgen de las prácticas de dignificación de la vivienda, de los espacios colectivos, de búsqueda de recursos para sobrevivir… para convertir buenas prácticas en buenas políticas. Debemos reconocer la importancia de la producción social del hábitat que, en muchas ciudades, es más importante cuantitativamente que la producción promovida por el sector público o por la economía privada formal. Precisamente el mayor reconocimiento es aprovechar el potencial de esta producción social para facilitar el acceso a la plena ciudadanía de sus habitantes.

4. La planificación urbana debe ponerse al servicio de un desarrollo integral en el que se contemplen todas las dimensiones de la vida humana, incluyendo las de reconocimiento y construcción de identidades.

Se requieren políticas integrales de planificación urbana, que no solo tengan en cuenta las infraestructuras sino también las múltiples dimensiones (sociales, culturales, económicas) que confluyen en el territorio. Deben implementarse políticas que posibiliten un consumo energético sostenible: aspectos como la planificación urbana, el diseño arquitectónico, la utilización de energías renovables o los materiales de construcción son claves para lograr ciudades energéticamente sostenibles.

Dentro del proceso de planificación de la ciudad, la cultura debe estar presente a modo de elemento transversal, como factor fundamental de desarrollo integral e inclusión social. Los encuentros de los distintos Fórums sirvieron para señalar y comprender hasta qué punto una gestión integral y responsable de las ciudades y los ejercicios de planificación urbana pueden servir para reconectar la ciudadanía, llevar a cabo políticas de integración social, compensando y descentralizando los espacios públicos y los espacios simbólicos de las ciudades, llevándolos del centro a la periferia.

La ciudad actual se mueve alrededor de dos modelos según el grado de densidad: la ciudad compacta y la ciudad extensa. Tender hacia uno u otro afecta a la calidad de vida en la ciudad y a sus espacios colectivos, que en la ciudad difusa se privatizan de facto en el uso o se descuidan convirtiéndose en zonas de paso para el transporte privado. La ciudad difusa es también menos eficiente en el consumo energético, en el transporte y en el agua que la ciudad compacta. El crecimiento de la huella urbana a ritmos muy superiores a los incrementos de población es el resultado de décadas de dinámicas excluyentes. En las ciudades compactas que han agotado su suelo, para evitar la expansión indefinida de la ciudad, hay que enfatizar el proceso de «reciclaje del suelo» dándole nuevos usos a través de la reforma de los edificios y espacios ya existentes.

La ciudad no es un ente estático, sino un conjunto de procesos y relaciones entre personas y elementos físicos, multifuncional, con espacios intermodales. Las personas vivimos en un radio que va de los 6 a los 100 km, a escala de grandes regiones urbanas, con pueblos y ciudades polinucleares, continuas, heterogéneas. Vivimos en distintos planos (trabajo, barrio, familia, tiempo libre…) y pasamos de uno al otro a través de las telecomunicaciones o la movilidad física. Las formas de vida cambian. La tecnología cambia. Los deseos de las personas y grupos también. El gran desafío intelectual es encontrar la manera de pensar y gestionar esa ciudad que ya no es el concepto de ciudad ni del siglo XIX ni del XX.

5. La segregación del territorio, la imposición de las dinámicas del mercado, la promoción de una arquitectura desligada de su contexto y las dinámicas del miedo que se están imponiendo han resultado en lo que se denomina la crisis del espacio público. Crisis en algunos territorios porque simplemente no existe y las dinámicas urbanizadoras lo evitan. Crisis en otros territorios por los nuevos usos, la necesidad de convertirse en espacios de encuentros de la diversidad o por las tendencias a la criminalización de cualquier uso no convencional del espacio público. Las ciudades del siglo XXI precisan de espacio urbano colectivo que permita el encuentro de los diferentes, de las culturas y subculturas que se desarrollan en la ciudad y que son parte de su transformación y crecimiento. Se ha dicho muchas veces y sigue siendo una asignatura pendiente en muchas urbes del mundo: las ciudades tienen la obligación de generar espacios públicos para que la ciudadanía se apodere de ellos, los haga suyos con sus usos, y así los transforme en colectivos.

A veces se detecta una pérdida de relaciones cotidianas que se refleja además en la arquitectura y en la privatización del espacio público. La convivencia en los espacios públicos está cambiando; el espacio público se privatiza y se impersonaliza; se reducen los espacios simbólicos y los espacios para el reconocimiento de los distintos grupos. La política del miedo también contribuye a cambiar los usos y las prácticas sobre el espacio público y a transformar las políticas sobre estos. En muchos casos existe una percepción distorsionada de la realidad en la que el miedo aparece en la mente de los ciudadanos sin que esta percepción se corresponda con la realidad. Lo que en 2004 se percibía como una tendencia al alza, ha alcanzado casi diez años después el rango de estrella en las políticas urbanas: la seguridad.

6. Estando en el Fórum, un proceso de transformación urbana y un gran evento cultural, no podía obviarse el debate sobre los grandes eventos, o como se la calificó en algunos diálogos, la política del pretexto, para llevar a cabo políticas urbanas de gran calado. Muchas operaciones urbanísticas se articulan alrededor de una idea o de un acontecimiento especial, como unos juegos olímpicos, que sirven de «pretexto» o motivación para una serie de actuaciones. Esta estrategia de revitalización y desarrollo puede ser muy positiva, pero también puede obedecer a una dificultad para expresar expectativas a largo plazo, y caer en una contradicción entre la temporalidad a largo plazo de la ciudad y el «presentismo» que dominan muchos de estos proyectos. El uso de un acontecimiento o una motivación puntual ayuda a la generación de proyectos urbanísticos que pueden alejarse de la definición de la visión de la ciudad a largo plazo, olvidando también que la gestión del fracaso y del éxito de estas operaciones de gran calado tiene consecuencias directas en la vida de las personas.

7. El derecho a la ciudad fue planteado, probablemente por primera vez en el Fórum Barcelona 2004, como concepto integrador de las demandas ciudadanas. En algunas reuniones anteriores, a partir de 1996 en Estambul, se había citado pero no había sido objeto de debate ni menos aun de consenso. A partir de 2004 se ha ido convirtiendo en un concepto analítico y estratégico para orientar las políticas públicas y los movimientos sociales y culturales en pro del desarrollo universal de la ciudadanía.

En todos los diálogos del Fórum de Barcelona, Monterrey o Valparaíso apareció la ciudad, de hecho, las personas. La ciudad del siglo XXI es obviamente una ciudad distinta de las urbes del XIX o del siglo XX, aunque muchas de las dinámicas e inercias que crean ciudad hoy en día fueron desarrolladas décadas atrás. La ciudad actual es territorio urbano y territorio de ciudadanos, donde centro, periferia y área metropolitana pierden sentido para dar lugar a un territorio-región urbanizado con distintos centros, organizado alrededor de flujos y de espacios singulares, con islas de exclusión que tratan de incorporarse a la ciudad o se aíslan, por miedo, de esa ciudad y sus gentes. En la ciudad de hoy las funcionalidades son múltiples y dinámicas, y precisamos pensarla en términos de articulación, intercambio, interfaces, redes, conexiones asimétricas… Los individuos son plurales, pertenecen a distintos lugares, se mueven por distintos espacios. La movilidad y la instantaneidad dominante dificultan la creación del sentido de pertenencia y la organización de acciones colectivas, y con ello la definición de identidades específicas.

La globalización y la posibilidad de conexión casi instantánea han llevado a cierta homogenización de las ciudades, que copian más que definen las políticas que implementan. A pesar de la lucha por atraer constantemente talento muchas ciudades no tienen ideas ni visión de futuro. Crear tendencias, correr riesgos, escuchar a las personas, aprovechar la creatividad interna y externa son elementos esenciales para el desarrollo de una ciudad justa, abierta al mundo y preocupada por sus ciudadanos.

El arte de hacer mejores ciudades hoy precisa de todos. Las ideas de los académicos, los intelectuales, los políticos, los activistas y todos los ciudadanos y habitantes son necesarias para aprender a gestionar y visionar la ciudad en la que vivimos y viviremos. Las ciudades concentran piedras, personas y palabras. Pensar es gratis, soñar también; vivir ahora es caro; el cambio es posible; la colaboración y cooperación necesarias para la acción.

Barcelona, diciembre 2011

1. La Declaración Universal de los Derechos Urbanos es es un proyecto pedagógico que busca determinar cuáles son los derechos urbanos que merecemos como habitantes de la ciudad (http://declaracionderechosurbanos.com/).