Miserachs, el fotógrafo de la calle y de las personas

29/10/2015

La exposición Miserachs Barcelona, a través de un montaje escenográfico atrevido, es un viaje en el tiempo a la Barcelona de los años 60. La muestra, centrada en el fotolibro Barcelona, blanco y negro, plantea nuevas maneras de mirar y leer fotos en el espacio artístico que rehúyen el formato expositivo convencional. La exposición se puede ver en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) hasta el 27 de marzo de 2016.

Miserachs Barcelona es un homenaje al fotógrafo barcelonés Xavier Miserachs y a su obra más destacada, el libro Barcelona blanco y negro, publicado en 1964. Una obra maestra de fotografía urbana que reúne casi cuatrocientas fotografías y plasma la realidad de la ciudad de Barcelona a través de sus habitantes y su cotidianidad en una ciudad que se transformaba día a día, en busca de situaciones emocionales. “La arquitectura y el territorio son la escenografía de sus imágenes, casi siempre fragmentos de la vida cotidiana de los barceloneses, los auténticos protagonistas del libro. Barcelona, blanco y negro es un registro documental y subjetivo a la vez, de la vitalidad de una época marcada por la dictadura franquista, pero también por el desarrollo económico, el dinamismo urbano y la brillantez de la cultura pop, dentro de la cual Miserachs fue un actor principal”, se explica a la exposición. “Barcelona, blanco y negro empieza con una secuencia cuidadosamente desordenada con la cual se entra en la ciudad una mañana cualquiera. Después se descubre la ciudad a través de sus habitantes, contando historias de trabajo y de la fiesta, de emigrantes recién llegados y burgueses cubiertos de apellidos, de chabolas, barrios góticos y ensanches, de escaparates, anuncios y pintadas… y siempre de gente en las calles, de todas las edades y todas las clases”, añade el comisario de la muestra, Horacio Fernández.

“En Miserachs Barcelona, el espectador encuentra las fotos de Barcelona, blanco y negro dispuestas en forma de grandes murales, escaparates, ampliaciones y proyecciones. Al comienzo se ve un panorama crepuscular, irreal y documental al mismo tiempo, que remite a los horizontes lejanos del cine. Después se entra en la ciudad, en un montaje en forma de Mecano que recrea las exposiciones de los años en qué Miserachs preparaba su fotolibro. Más adelante es posible pasearse literalmente por las páginas del fotolibro de Miserachs y las pobladas calles y plazas de una Barcelona sin turistas gracias a grandes ampliaciones tridimensionales, que transforman el espacio en una escenografía teatral donde el espectador puede sentirse actor. En la otra sala dominan las proyecciones, que rodean el público con un cambio continuo en que el pasado y el presente se confunden. Al final, se muestra en una pantalla Barcelona, blanco y negro con todo detalle. En este espacio también hay ejemplares del fotolibro y las derivas del itinerario que siguió Xavier Miserachs mientras lo preparaba”, describe el comisario. Miserachs Barcelona presenta las imágenes en unos formatos que proponen varias experiencias emocionales, temporales y estéticas al espectador.

La obra surge del deseo de Miserachs de hacer un libro estrictamente fotográfico, compuesto de imágenes que formen un conjunto que se pueda leer y mirar como una película más que no un libro de fotografías. La exposición Miserachs Barcelona parte de la idea que los fotolibros permiten construir una historia propia de la fotografía, más cerca de la experiencia que no del arte, y nos propone maneras de interpretar fotos que se escapan de los formatos estándares y tradicionales.

“Miserachs Barcelona propone un viaje emocionante en el tiempo, una aventura en la cual la fantasmagoría característica de las fotografías es a veces pura arqueología y otras el mismo presente. En la exposición las imágenes de Barcelona, blanco y negro son vivas, cambian del mismo modo que se transforma continuamente la energía de la ciudad y sus gentes. De forma parecida al fotolibro, la muestra Miserachs Barcelona plantea experiencias urbanas tanto fluidas e instantáneas como las fotos, que siempre son incompletas e imperfectas, pero en cambio conservan el efímero y resisten al olvido”, afirma Fernández.

Sílvia Porta i Simó